El poder de la ignorancia

Socialmente nos han educado para “siempre saber”, parecer que sabemos o en el peor de los casos guardar silencio, porque la ignorancia es castigada con la burla y la vergüenza. Sin embargo, negar la ignorancia, penaliza las preguntas y limita el crecimiento: nos deja en el mismo punto, nos estanca. Así, la gran mayoría de las veces, perdemos más de lo que ganamos con esa forma de pensar y actuar ante la vida.
Por naturaleza el ser humano busca pertenecer, y reconocernos ignorantes nos pone en una posición de vulnerabilidad, nos expone a posibles críticas y juicios externos, a la desaprobación y al rechazo. Pero, reconocer y aceptar la ignorancia, promueve la curiosidad, la creatividad y sobre todo el aprendizaje. De hecho, el modo de pensar de “reconozco que no sé, pero confío que esos nuevos conocimientos me darán poder” es lo que ha permitido las revoluciones, lo que impulsa los avances tecnológicos y ciertamente lo que fomenta nuestro desarrollo en todos los niveles: personal, familiar, social, económico, etc.
Aceptar nuestra ignorancia nos genera incomodidad, pero si logramos sopesar esa molestia y en cambio enfatizamos en los beneficios de aprender, podemos potencializar el poder de la ignorancia.

¡Ojo! Reconocer la ignorancia es un primer paso, pero no basta, es fundamental confiar que se producirá un cambio favorable y además actuar: preguntar, investigar, probar.
¿En qué te reconoces ignorante?

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