¿Qué tipo de preguntas te haces?

Cuando estás pasando por situaciones retadoras ¿te preguntas “por qué”, o te preguntas “para qué” estás viviendo la situación?

Cada enfoque conduce a una actitud diferente. Cada enfoque tiene una polaridad positiva y una polaridad negativa. El objetivo es reconocer hasta qué punto un enfoque comienza a minar el bienestar.

Cuando miras la situación desde el “por qué”, tu mirada va hacia el pasado.

Posiblemente vas a encontrar razones. Si bien es beneficioso y reconfortante entender el origen de una situación, muchas veces no podemos conocerlo; o también puede pasar que nos quedamos atorados en el “por qué” y este puede “hundirnos” en el problema o en el victimismo. Por ejemplo, cuando una relación termina, reconocer por qué no funcionó, nos genera autoconocimiento, aprendizaje y crecimiento. Pero si nos quedamos preguntándonos una y otra vez por qué no funcionó, puede convertirse en un efecto dominó y generarnos más dolor y sufrimiento.

Cuando miras la situación desde el “para qué”, tu mirada va hacia el futuro.

Esa posición puede despertar esperanza y empoderamiento, pues se centra en el aprendizaje y en las posibles soluciones y/o acciones futuras. Sin embargo, hacerse esa pregunta también puede generar incomodidad cuando no sabemos la respuesta inmediatamente. Muchas veces la respuesta llega tiempo después.

Plantearnos estas preguntas nos brinda herramientas para el autoconocimiento y la transformación. Y si bien muchas veces no tener respuesta se puede traducir en sufrimiento, también nos permite desarrollar/ fortalecer la tranquilidad en lo desconocido, en lo incierto.

“Es natural no saber las respuestas para todas nuestras preguntas.”

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