Encontremos el verdadero sentido

Al llegar el final del año son muchas las emociones que nos embargan. Se enciende la ilusión por las luces, los juguetes, las fiestas, la comida, etc. Hay alegría por todo lo que envuelve la época navideña, pero también es un momento donde debe tener lugar la reflexión sobre todo lo vivido en el año y aquello que está por llegar.

Conversar con nuestros hijos sobre los sucesos más importantes que pasaron en estos 365 días, los logros, las pérdidas, los aprendizajes… es una tarea esencial que nos permite darles una visión global del año transcurrido, agradecer lo bueno y reconocer las lecciones que aprendieron tras las caídas.


Animarlos a siempre ver hacia adelante con esperanza, sabiendo que si se esfuerzan y tienen una buena actitud todo reto se vuelve más alcanzable. Apreciar el valor de la vida y de todas las aventuras que en ella experimentamos les alienta a levantarse cada mañana con entusiasmo y optimismo.


Expresar lo que sienten sin miedo es también vital; manifestar afecto, descubrir el poder de un buen abrazo y la calidez de una caricia es una asignatura invaluable, al igual que encontrar ese hombro donde puedan llorar, su puerto seguro, su ancla.

Tratemos de desconectarnos a menudo del mundo digital y conectémonos a la naturaleza. Nada como sentir la arena bajo los pies y el golpe suave de las olas mientras corremos en la orilla del mar. Recopilemos momentos, pongamos recuerdos en una cuenta, coleccionemos vivencias, no cosas. Los objetos al final ahondan el vacío, los recuerdos enriquecen y dan sentido a la vida.

Mantengamos la calma, no tomemos las cosas tan en serio, todo pasa; fluyamos como el viendo… cada día traerá su propio afán, disfrutemos el instante preciso, no lo perdamos por pensar en el mañana.
Encontremos siempre un motivo para celebrar la vida, para reunirnos, para mirarnos a los ojos, para agradecer lo que tenemos. Aniquilemos la queja, de nada sirve: intoxica, drena, agobia. Dejemos de fruncir el ceño, iluminemos el ambiente con nuestra sonrisa, regalemos paz y esperanza; sin darnos cuenta, podemos estar salvándole el día y hasta la vida a alguien. Y, por favor, no nos cansemos de AMAR, no existe otra manera de vivir a plenitud.


¡Feliz Navidad y próspero año nuevo! ¡Gracias por haberme leído durante este año!

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