Verdades que duelen

Hay ciertas verdades que, aunque resultan dolorosas, es mejor que nuestros hijos sepan por nosotros, antes que alguien más se nos adelante y se las cuente de manera distorsionada. Son esos temas clave, centrales, importantes de la vida, que todo niño debe saber antes de su adolescencia.


Te enseñaré cómo abordar estos cuatro temas, de modo natural, sin que resulte traumático para tu hijo o hija.
La muerte. Desde pequeños aprendemos socialmente a temerle a la muerte; incluso nos da miedo envejecer porque asumimos que solo mueren los viejos. Descubrir que los bebés, los niños y los jóvenes también mueren resulta doloroso, pero necesario. Desmitificar la muerte es nuestra labor, que la vean como un proceso natural de la propia vida: se supone que nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos; pero, lamentablemente, no siempre ese es el orden.

La vida a veces es muy injusta. A pesar de que hagamos las cosas bien, sin dañar a otros, dando nuestro mejor esfuerzo, ofreciendo el corazón en cada accionar, la vida puede sorprendernos y lastimarnos enormemente.


Lo importante es tener claro que no debemos dejar de ser buenas personas por esta inevitable realidad; se trata de aceptar lo inevitable, poner la mejor actitud para sobreponernos y salir adelante con más fuerza que antes. Repíteles esta frase con frecuencia: siempre se puede volver a empezar.


Los padres no son amigos de sus hijos. Son muchísimo más que eso. Para poder corregir a nuestros hijos necesitamos enseñarles comportamientos adecuados, regañarlos, hacerles ver que están equivocados y cuál es la mejor manera de actuar. Esa no es la labor de los amigos. Los amigos están para acompañar, no para criar, ni formar a un ser humano. Esa es tarea de los padres.


Los padres ayudan a Santa Claus y a los Reyes Magos a repartir los juguetes. El mundo es gigante y estos
personajes fantásticos necesitan ayuda de los padres, pues sería imposible que los juguetes llegaran a tiempo si trabajaran solitos. Somos un equipo. Cuando trabajamos juntos, todo resulta más fácil y exitoso. Por otro lado, si decides confesarles que no existen, hazlo con delicadeza, sin herirlos, con mucho amor.
Son verdades dolorosas, pero inevitables. Cuéntaselas tú. Te aseguro que les dolerá mucho menos que si se las revela alguien más. Poco a poco, ¡Una verdad a la vez!

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