Yo debería ser

“Yo debería ser”, así iniciamos muchas veces nuestro discurso interno, revelando una sensación de
insuficiencia y agrietando nuestra autoestima. Cuando nuestros pensamientos parten de esa premisa estamos en modo escasez, “siempre nos hace falta el centavo para el peso”.


Cada uno puede crear una lista larga de sus “deberías”; y de hecho compartimos muchos mandatos cuando pertenecemos a un mismo grupo (sexo, región, raza, profesión, edad, etc.); algunos ejemplos son: “yo debería siempre ayudar a los otros”, “yo debería guardar silencio/no generar conflicto”, “yo debería
siempre estar feliz”, “yo debería siempre saber qué hacer”, etc.


Vivimos la vida guiados y condicionados por criterios que no son nuestros, estándares que la sociedad creó; y que escuchamos (desde pequeños), los repetimos, los aprendemos y los interiorizamos como parte de nuestras creencias, y sin darnos cuenta nos limitamos, experimentamos culpa y vergüenza cuando no cumplimos con esos estándares. De hecho, la sociedad tiende a castigar la diferencia, porque “Yo debería ser” viene de la mano de “Si no lo soy, si soy diferente, está mal”.

Este programa disminuye nuestro bienestar; por ello es importante generar un cambio para cuidarnos. Este es un ejercicio que puede ayudarnos a iniciar esta transformación:

  1. Reconocer mis “Yo debería ser”: hacer una lista.
  2. Aceptar y entrar en contacto con los “Yo debería”:
    · ¿Cuándo/dónde los aprendí?
    · ¿Qué pensé en ese momento?
    · ¿Qué sentí en ese momento?
  3. Examinar las ganancias/pérdidas de seguir los “Yo debería ser”:
  4. · ¿Qué he ganado ciñéndome a esos “Yo debería ser”?
  5. · ¿Qué he perdido/sufrido ciñéndome a esos “Yo debería ser”?
  6. · ¿Estoy dispuest@ a continuar viviendo bajo las premisas del “Yo debería ser”?
  7. Generar una nueva creencia que reemplace el “Yo debería ser”, desde el amor y la compasión.

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