Los niños y la agresividad

La agresión es parte del desarrollo en las etapas tempranas de la vida. Los niños y las niñas no toleran la frustración ni saben gestionar sus emociones. No nacemos con la capacidad de autorregularnos. Una vez más los padres y las madres debemos enseñarles a hacerlo en primera instancia.

En esos primeros años, los niños están pasando por un proceso de aprendizaje complejo, además de que los cambios son frecuentes y fuertes. Se resienten con facilidad; por ejemplo, si está pasando algo en casa o se sienten abandonados, tienden a manifestarlo a modo de venganza contra sus pares.

A medida que vayan adquiriendo el lenguaje, podrán expresar lo que sienten, en lugar de usar los golpes, las mordidas, las patadas o los gritos. Debemos ayudarlos a aprender a identificar cómo se sienten y a expresarlo de manera asertiva, sin violencia, sin lastimar ni lastimarse. Es imprescindible fomentar el amor hacia sí mismo y hacia los demás, los comportamientos solidarios, la empatía, la bondad, la simpatía y las buenas maneras.

De manera puntual, ¿qué hacer si tu hijo o hija está agresivo/a?

• Mantén la calma ante el comportamiento agresivo, no le grites, intenta mantener un tono de voz que inspire paz, no más ira.

• Aléjalo del niño o de la niña que agredió y espera que se tranquilice.

• Una vez se haya calmado, conversa con él o ella sobre lo sucedido. Pregúntale cómo se sintió, qué ocasionó su enojo, por qué actuó de ese modo. Dile que hay otras maneras de expresarse sin lastimar a otros.

• Enséñale que cada acto genera una consecuencia y si lastima a otros pierde privilegios. Sé constante. La consecuencia debe venir siempre tras la acción violenta.

• Halágalo/a cuando muestre un buen comportamien-to. No te focalices en lo malo.

• Enséñalo/a a pedir disculpas, a decir lo siento y, si es posible, reparar la falta; por ejemplo, si rompió el juguete de algún niño, que ayude a repararlo o ahorre para comprarle otro.

• Limita el uso de pantallas y vigila el contenido consumido. Hay muchos programas infantiles que parecen ser inocentes pero están cargados de violencia y mensajes negativos.

• Si el comportamiento agresivo persiste a pesar de hacer todo lo anterior, busca la ayuda de un buen profesional de la conducta, ya sea un psicólogo o un psiquiatra, pero asegúrate que tenga una especialidad en niñas, niños y adolescentes.

Ten paciencia, todo pasa… vive un día a la vez.

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