Estilo de vida

Si te dieran carta blanca, ¿qué trabajo elegirías?

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Moría de risa cuando hace días vi un meme de dos mujeres y una de ellas le pregunta a la otra: “- Cuál es el trabajo de tus sueños?” A lo que la otra contestó: “- En mis sueños no trabajo!”
Podía identificarme perfectamente en ese dibujo, al igual que a mis amigas, con quienes constantemente discuto sobre este tema, el trabajo. Siempre he admirado a las personas que desde muy temprana edad descubren ese oficio que les gustaría hacer para generar dinero y en el que además consiguen pasarla bien. Y ni hablar de aquellos a quienes les pagan por hacer lo que les apasiona.
Lo he visto en mis compañeros médicos, músicos, productores musicales, actores, profesores, directores de cine y hasta en mi mamá como ejecutiva de cuentas. También lo experimenté en mi vida alguna vez, en los tiempos en que hacía televisión y conducía las noticias o alguna revista matutina.
Recuerdo que no me importaba acostarme temprano para madrugar al día siguiente, quedarme largar horas en el canal, salir a la calle a buscar patrocinantes que depositaran su confianza en mí porque yo creía en mí, y si por alguna razón mi sueldo no me alcanzaba para pagar las cuentas, prefería cortar mis gastos antes de buscarme otro trabajo.
En esos tiempos me sentía realmente plena y realizada profesionalmente, y todo lo demás encajaba con facilidad en mi vida. Hasta aquel día, hace ya siete años, en el que el canal televisión para el que trabajaba cerró sus puertas.
A partir de entonces, confieso que se me hacía más cuesta arriba encontrar una oportunidad para regresar a la pantalla chica, y en algún momento dejé de insistir.
Busqué mi seguridad financiera en otras áreas y fue allí, cuando aquello que hacía a diario se convirtió en “trabajo”, en ese que no estaba en mis sueños, y del que miles de millones de personas se quejan a diario porque sienten que la vida no puede ser solo eso.
Quizás sea hora de intentar de nuevo, quizás nunca debí haber dejado de intentarlo. Por lo pronto me refugio en esto de escribir, de soñar despierta y de disfrutar del arte de vivir.
Al final, y como bien dijo Punset:
“La felicidad está en la antesala de la felicidad.”

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