El Trastorno del Espectro Autista (TEA)

Es un trastorno neurobiológico que suele aparecer antes de los tres años y se extiende a lo largo de toda la vida. Para su diagnóstico, es necesario que se cumplan

3 criterios fundamentales:

1) Que existan dificultades en el lenguaje (ya sea de
cantidad o calidad).
2) Que haya complicaciones a la hora de interactuar con los
demás.
3) Que se enfrasquen en unos pocos intereses de manera
casi obsesiva.

A pesar del aumento de casos de niños dentro del espectro, aún se desconoce la causa de su aparición.
Los estudios revelan que puede deberse a algún factor hereditario, a cierta enfermedad a nivel neurológico en una etapa temprana del desarrollo, a la exposición a toxinas o algún metal pesado, entre otras. Lo preocupante es que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 100 niños se encuentra dentro del espectro, y se prevé que las cifras vayan en aumento, sin que sepamos qué hacer para evitarlo.

Cada niño es diferente y, por tanto, presentará sus propios síntomas, pero el perfil de los niños dentro del TEA suele incluir las siguientes características:

Una mirada que no mira, pero que traspasa.
· Balbuceo monótono.
· Falta de contacto con el entorno.
· Problemas en el habla.
· Apego a un determinado objeto por largo tiempo.
· Actividades corporales repetitivas, como dar vueltas o
aletear con los brazos.
· Rituales complejos al pie de la letra.
· Molestia excesiva al escuchar sonidos estridentes.
· Incapacidad para socializar con otras personas, expresar y
controlar sus emociones.
· No reconocimiento de los sentimientos ajenos.
· No búsqueda de consuelo, en caso de necesitarlo.
· Incapacidad para imitar, por ejemplo, jugar a ser doctor.

Entre las cosas que podemos hacer para ayudar a nuestros niños están:

1.- Buscar ayuda con un profesional (neurólogo, psicólogo
infantil, psicopedagogo) para que haga una evaluación
completa y ofrezca un diagnóstico correcto y oportuno.
2.- Para disminuir su nivel de estrés, conviene establecer
rutinas sencillas que pueda llevar a cabo a lo largo del día.
3.- Juegos mentales (lógico-matemáticos) que le permitan
mantener la atención y la concentración.
4.-Crear eventos donde pueda relacionarse, poco a poco,
con niños de su edad.
5.- Si presenta problemas graves de lenguaje, puede
enseñársele un lenguaje alternativo (como el lenguaje de
señas, dibujos…).
6.- Avisarle sobre cualquier cambio que vaya a ocurrir en
su rutina habitual para que la reacción sea menos
dramática.
7.- Con ayuda del profesional, enséñale a identificar sus
necesidades emocionales y que pueda expresarlas y buscar
consuelo.

Por encima de todo, los niños son seres especiales, con o sin autismo. La labor de los padres es amarlos incondicionalmente y hacer todo lo posible para que sean felices y desarrollen su potencial al máximo.

¡Un día a la vez!

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