Hija, Véndeme a casa de Caracas y todo lo qué hay en ella. YA NO VUELVO

Luego de seis meses, conseguimos a un comprador enamorado de la propiedad, pero no de las cosas que habitaban dentro de ella.


Platería, jarrones de cristal, tazas de té inglesas con bordes de oro que adornaban la mesa de mamá en sus años mozos y que fueron regalos de hasta el mismísimo presidente de la República por allá por mil novecientos setenta formaban parte de las innumerables pertenencias de las que tendríamos que desprendernos por no decir regalar.


En Venezuela, mucha gente se está yendo bien sea por avión, en carro o a pie cruzando el río, sin la posibilidad de llevarse mucho. Este vacío lo han ido cubriendo un grupo de personas que se dedican a venderlo todo, o más bien (como dirían algunos), a hacer la mudanza por ti porque lo que recolectas al final de la venta no equivale ni a una décima parte del valor que alguna vez pagaste por todo aquello.


Sin contar el precio sentimental que pagas si no pones en práctica el desapego. Todavía tengo la voz de mi madre lamentando tener que deshacerse de su amada tizonera por tan solo diez dólares, o de sus cubiertos de plata de doscientas piezas por cuarenta dólares.

Dígame los sofás de la sala, regios e impecables a un insólito precio de cien dólares. Ese sofá en Estados Unidos saldría en mínimo mil doscientos de los verdes, pero volvemos a lo mismo, no hay cómo llevárselo, así que sólo nos queda decirle adiós.


El desapego es un ejercicio que todos deberíamos poner en práctica en nuestro día a día. Dejar ir se dice fácil, pero soltar no siempre es tan sencillo.


Somos seres de memorias y recuerdos y estamos acostumbrados a aferrarnos a aquello que en algún momento nos hizo sentir bien. Sin embargo, dejar ir puede hacernos experimentar libertad, entendiendo que no necesitamos de cosas externas para ser felices.


Es por eso por lo que hoy, día de la venta, dejamos ir todo lo que ya no podemos llevar con nosotras y escogimos pensar que mientras alguien será muy feliz con estas nuevas posesiones, nosotras también lo seremos con todo lo nuevo que está por llegarnos en esta aventura que llamamos vida.


¨Hija, véndeme la casa de Caracas,
y todo lo qué hay en ella.
Ya no vuelvo¨

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