Estilo de vida

¿Happy con tu frecuencia sexual?

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¿Existe acaso una frecuencia sexual “standard” cuando se está en pareja? Esta vez, solo hablaré sobre aquella que se tiene con una estable, así dejamos el auto placer y los amores casuales para otro capítulo.
Mi camino ha sido variado porque, por ejemplo, en mis veinte, no tuve una relación estable por largos años con la cual comparar. Mas bien, mis relaciones eran – la mayoría – a distancia, y cada vez que nos veíamos, buscábamos rincones insólitos y experimentábamos posturas inimaginadas para tener sexo. Era divertido, y sucedía casi a diario, pero no era un punto de referencia. No veía justo comparar mis momentos fugaces de sexo con el de parejas que ya tenían ocho, diez, o hasta quince años juntas. Ellos eran y siguen siendo un universo completamente desconocido para mí, porque nunca he estado más de cuatro años con un compañero de vida. De allí, entonces, venía mi preguntadera, cuando me tomaba un café con mis amigas, y hablábamos sobre energía sexual, frecuencia, intimidad y placer, y si a ellas aún les provocaba o deseaban a sus novios o esposos, después de veinticinco años juntos. Las escuché decir: “mínimo, tres veces por semana, porque si no, empieza a quejarse”. También oí: “Tenemos ocho años juntos y mínimo dos veces a la semana”. “Dormimos en camas separadas, pero al menos una vez cada quince días hacemos algo”.
¿Mentían, decían verdades o medias verdades? ¿Inventaban historias a cerca de su vida sexual para no ser enjuiciadas? Yo les creía a todas.
Lo cierto es que esas respuestas en nada se parecían a mis dos o tres meses sin sexo con mi pareja, en donde no sucedía nada irregular, simplemente que el apetito sexual no estaba allí por esos, (al parecer), largos periodos de tiempo. Sentí culpa. Etiquetaba la ausencia inter diaria de sexo por falta de amor e interés, y en algunas oportunidades mentía pretendiendo querer sexo solo para cumplir con un paradigma, y complacer al otro, olvidándome de esa brújula interna que todos tenemos llamado instinto. El que dos personas coincidan con las ganas sexuales aún sigue siendo un misterio mágico para mí. Quizá porque mis vidas en pareja están más llenas de momentos en los que yo quiero, pero él no está presente, o él quiere y yo tengo flojera, o yo quiero y él está preocupado por algo, o él quiere y es a mí a quien le preocupa algo. Mi amiga Lola me confesó alguna vez que su terapeuta le recomendó ponerlo como tarea obligada, es decir: “provoquen el sexo, háganlo más frecuente en sus vidas, y así querrán más y más” (al parecer un secreto de la fisiología humana)
Por lo pronto, he cambiado mis conversaciones de sexo con mis amigas por las que tengo con mi pareja, en donde ambos descubrimos y navegamos de forma honesta nuestras propias frecuencias sexuales.

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