De celebridad a taxista

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En una ocasión, una pasajera que llevaba en mi carro me preguntó si manejar para Uber me acercaba a aquello que soñaba con hacer el día de mañana. No supe qué responderle. Hasta ese momento no me había cuestionado el ser taxista. Cuando decidí hacerlo, apenas había dejado un empleo como vendedora de seguros en donde estaba forzada a cumplir con un horario de oficina, sentada en un cubículo tan gris como mis días. Mi luz se apagaba poco a poco hasta que renunciar se convirtió en mi única esperanza. Ya sabía que haciendo Uber podría generar algo de dinero, y con un horario bastante flexible como para poder seguir soñando y creando. Sin embargo, no estaba muy orgullosa de lo que hacía, tanto así que trabajaba en zonas en donde prácticamente no tenía amigos y así no exponerme al juicio de otros. ¿O quizá era a mi propio juicio al que le temía?
Voz interior (voz): Mariana (Yo), tú eras una celebridad en tu país. Trabajaste para los mejores medios de comunicación social. Mírate ahora, de chofer, ganando un salario menos que mínimo, y desperdiciando tanto talento, y todo por falta de foco.
Yo: – De foco? Quizá no tengo tanto talento como yo creía, y todo lo que logré en el pasado fue el producto de algo de suerte y buenas relaciones que aquí en Miami aun no logro tener.
Voz: “- Excusas! Si le dedicaras el mismo esfuerzo que le pones a Uber a buscar oportunidades en lo que te gusta, tendrías resultados extraordinarios. Estás perdiendo tu tiempo.
Yo: Yo no lo veo así. Además, también podría hacer pequeños videos con los pasajeros, en los que me cuenten historias inspiradoras, que luego colgaría en las redes y quién sabe si me vea algún canal.
Voz: – ¿Y lo estás haciendo?
Yo: – No todavía, es que…
Voz: – Insisto, no sé qué hacemos aquí. Quizá, podría, pasaría, sólo hablas en condicional, un posible futuro ¿Es que no te das cuenta?
Yo: Este trabajo es ideal. Me genera dinero, me da la libertad de hacer castings, escuchar audiolibros, música, podcasts, y quién sabe si algo interesante se me cruza en el camino.
Voz: ¨La gente que sale adelante en este mundo es la gente que se levanta y busca las circunstancias que quiere, y si no las puede encontrar, las hace. ¨ Lo dijo Bernard Shaw.
Yo: ¡Bernard Shaw, por Dios! Ese hombre es de 1800.
Voz: Pero solito se abrió los caminos, y no hizo Uber
Yo: No existía Uber
Voz: Quizá no, pero…
Yo: ok, basta.
Paseamos en silencio un rato más mientras que mis pensamientos se mecían con cada curva, haciéndome sentir más deseos que futuro. Mi voz interior tenía razón. Yo solo tenía excusas para justificar mi falta de propósito, para cubrir mis miedos de no ser lo suficientemente capaz mientras conducía sin rumbo y a ninguna parte, o por lo menos muy lejos de mi destino. Así que milla a milla, me propuse comenzar a crear a la persona que quería ser y el mundo donde quería vivir.

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