Tiene 30 años, es millonario gracias a las criptomonedas y quiere regalar toda su fortuna

Bill Gates, Mackenzie Scott, Kegan Schouwenburg, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Larry Ellison, Jack Ma, Elon Musk o Elizabeth Holmes, entre otros, encabezan la lista de los gigantes tecnológicos más ricos e influyentes del planeta. Sin embargo, a este listado pronto habrá que añadirle otro nombre que marcará el camino de la criptoeconomía durante la próxima década: Sam Bankman-Fried. ¿Su zona de influencia? Las criptomonedas. ¿Su fortuna? 22.500 millones de dólares, según Forbes.

A excepción de Mark Zuckerberg, CEO de Meta (Facebook), nadie antes se había hecho millonario tan joven. Con tan solo 29 años, Bankman-Fried se ha convertido en uno de los responsables de la fiebre del oro criptográfico tras fundar FTX, una plataforma que permite comprar y vender activos digitales. Sin embargo, lejos de ser un friki del Bitcoin, este californiano aterrizó al mundo cripto sin tener mucha idea de lo que era realmente. ¿Su objetivo? Ganar la mayor cantidad de dinero posible. ¿Para qué? Para donarlo. Él no lo llamar caridad, prefiere llamarlo altruismo efectivo. ¿Estamos delante del nuevo Robin Hood millennial?

Un millennial cualquiera fan de Harry Potter y League of Legends

Tal y como explica Bloomberg, Sam Bankman-Fried descubrió el altruismo eficaz en la fraternidad Epsilon Theta mientras estudiaba en la universidad. Este tipo de bien común consiste en utilizar el razonamiento científico para hacer el mayor bien posible a la mayor cantidad de gente. Fue entonces cuando Bankman-Fried decidió emprender un camino lucrativo para cambiar el mundo. Esto lo llevó a trabajar en Jane Street Capital, donde empezó a coquetear con el trading y las criptomonedas. Más adelante, encontraría en las monedas digitales el mejor método para ganar dinero. Actualmente, es el CEO de una de las plataformas de compra-venta de criptoactivos más populares y rentables del mundo.

A día de hoy, no hace falta heredar una gran fortuna para ser millonario. De hecho, prácticamente todos los magnates tecnológicos que han revolucionado el mundo provienen de familias de clase media, como Sam Bankman-Fried. Hijo de dos profesores de derecho de la Universidad de Stanford, Sam, el mayor de dos hermanos, creció leyendo Harry Potter (y no por su parecido a Neville Longbottom), viendo los partidos de los San Francisco Giants y jugando a videojuegos como Starcraft o League of Legends.

Después de graduarse en una pequeña escuela secundaria privada en el Área de la Bahía, Bankman-Fried estudió la carrera de Física en Instituto de Tecnología de Massachusetts y se plantó ser profesor y seguir así la saga familiar. Sin embargo, Sam tenía otros intereses: el altruismo eficaz, utilizar la evidencia y la razón para hacer el mayor bien posible. Su primer gran trabajo fue en el equipo de trading de Jane Street Capital, donde Bankman-Fried destinó casi todo su salario de seis cifras a las donaciones.

Fue en Jane Street Capital donde Sam aprendió a ejecutar operaciones de arbitraje. Al cabo de tres años, decidió fundar su primera empresa, Alameda Research, una empresas de comercio de cifrado. El joven reclutó a varios amigos, todos altruistas eficaces, para que le ayudaran a desarrollar su proyecto. En enero de 2018, el joven ya movía 25 millones de bitcoins al día. «Me involucré en las criptomonedas sin tener idea de lo que eran», dijo en una entrevista a Bloomberg.

Me involucré en las criptomonedas sin tener idea de lo que eran»

Con los beneficios de Alameda, Bankman-Fried tenía dinero suficiente para donar a organizaciones benéficas, pero su ambición para mejorar la condiciones de los exchanges le llevaron a reinvertir el dinero que había ganado para crear y gestionar su propia plataforma de intercambio de criptomonedas: FTX. Una tarea que no le resultó nada fácil en Estados Unidos, donde los bancos se negaban a hacer negocios con las criptomonedas

Después de fundar FTX, Bankman-Fried su mudó a Hong Kong, donde la normativa en criptomonedas era más permisiva. El crecimiento de FTX desde su fundación en 2019 ha sido vertiginoso. La agilidad y la velocidad de ejecución de Bankman-Fried atrajeron mucho la atención de los inversores. En 2020, la plataforma tenía 200.000 usuarios con los que operaba 1.000 millones de transacciones al día. En 2021, esta cifra aumentó hasta los 2 millones de usuarios gracias a sus características rentables, como tarifas bajas, capacidades de préstamo y de intercambiar versiones tokenizadas de acciones.

A finales del año pasado anunció que trasladaría la empresa a las Bahamas, donde las regulaciones criptográficas son menos estrictas.

Un obsesivo del trabajo que conduce un Toyota Corolla

Según describen personas que lo conocen en declaraciones a Bloomberg, Bankman-Fried es un «monje capitalista» que para construir una plataforma competitiva en un período de tiempo tan corto, Sam trabajó sin descanso, durmiendo 4 horas en un sillón junto a su escritorio y recibiendo llamadas de clientes e inversores hasta altas horas de la madrugada. «Sam cree que cada minuto que pasa durmiendo le cuesta miles de dólares, lo que significa que puede salvar menos vidas», dice Matt Nass, un amigo de la infancia de Sam.

Lejos de tomarse un descanso, después del traslado de las oficinas de FTX a las Bahamas, Bankman-Fried decidió aumentar todavía más su horario de trabajo y viajes desde que se mudó. Sin embargo, no todos sus empleados pueden aguantar su ritmo de vida. En declaraciones a Business Insider, un extrabajador explica que dejó su puesto por agotamiento. «El día a día era ir a la oficina, leer Slack, desayunar, trabajar, pedir la comida mientras trabajaba, cenar mientras trabajaba, e irme a casa», explica un ingeniero de software que afirma haber trabajado en FTX y Alameda.

Sam cree que cada minuto que pasa durmiendo le cuesta miles de dólares, lo que significa que puede salvar menos vidas»

Matt NassAmigo de la infancia de Sam

Según Bloomberg, Bankman-Fried vive como un estudiante universitario y comparte vivienda con otros compañeros de trabajo, aunque no viven en un piso, sino en uno de los complejos turísticos más bonitos de las Bahamas. Le encantan las alubias y cree que ni el dinero ni las cosas materiales dan la felicidad. Odia la filosofía del «yo primero» de la novelista Ayn Rand que ha inspirado a grandes magnates de la tecnología como Travis Kalanick, CEO de Uber, o Peter Thiel. Bankman-Fried prefiere a Peter Singer, que plantea precisamente lo contrario. 

Altruismo efectivo, una tendencia al alza entre los magnates tecnológicos 

El altruismo efectivo se ha convertido en todo un movimiento filantrópico en Silicon Valley. Más de 7.000 personas se han comprometido a donar al menos el 10% de sus ingresos profesionales a través de un grupo dirigido por el Centro de Altruismo Efectivo. Entre los donantes hay Dustin Moskovitz, fundador de Facebook o Elon Musk, que contrató a un altruista eficaz para que le asesorara.

A pesar de las todas las promesas, la intención de Sam Bankman-Fried es seguir acumulando dinero para luego donarlo. De momento, sigue en la lista de los multimillonarios menos caritativos, ya que solo ha donado el 0,1% de su fortuna, aproximadamente unos 25 millones de dólares. El dinero fue a parar a la India, a iniciativas contra el calentamiento global y en la lucha de la pandemia en este país. «Hay mucho trabajo por hacer», admite a Bloomberg, y explica que las donaciones importantes «no son una meta a corto plazo, sino a largo plazo».

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