Me enamoré, me ena, me enamoré Parte 2

Mucha gente me decía: “Cuando es amor, simplemente lo sabrás “. Pero por mucho tiempo no entendí lo que eso significaba realmente. Así que mientras esperaba, soñaba y buscaba, tenía un poco de miedo de no darme cuenta si el amor pasaba por mi vida o si es que ya había pasado. Y de pronto… apareciste tú, y así, de repente descubrí nuevos sentimientos, nuevas emociones que antes no existían.
Es amor, ahora simplemente lo sé. Un amor increíble que se puede conseguir en cualquier parte, incluso en las redes sociales.
Así como lo lees, en Tinder, Match.com, Bumble, y es que hasta en Twitter, ¿por qué no? Solo basta con creer en él y dejar que el universo haga el resto.
Abrirse a las sorpresas de la vida, eliminando los prejuicios aprendidos de que sólo con ciertas formas logras resultados. Libérate de esos convencionalismos que te enseñaron y que no te dejan avanzar. Ya ves, el amor tocó a mi puerta una mañana a través de Facebook.
Pude haberlo ignorado, alegando que todo el que se acerca a través de esos medios “no quiere nada serio”. Habría condenado lo que hoy se ha convertido en el amor más sólido, divertido e increíble de mi vida adulta.
Juntos, hemos descubierto rasgos de nosotros mismos que desconocíamos. Él, por ejemplo, me repite cada día que jamás se imaginó tener la capacidad de poder amar a alguien al punto de agitar su respiración, con tanta entrega, y curando de forma tan exquisita cada detalle conmigo.
A mí, me maravilla mi disposición a querer servirle, y amarle veinticuatro siete, y a imaginarlo en cada momento de mi vida. El solo hecho de asombrarte haciendo cosas distintas, reconocer en el otro esos pequeños pero hermosos gestos diarios, y a querer siempre convertirte en una mejor versión de ti mismo, tiene que ser amor, o al menos una de sus definiciones.
Y así, luego de catorce meses conociéndonos en línea, y tres meses de amor presencial, él y yo decidimos lanzarnos al agua, comprometiéndonos a divertirnos cada día, y a disfrutar juntos de lo que nos rodea, en una com-UNIÓN de dos personas que aprendieron a ad-MIRARSE y amarse a la antigua, “chinos de risa, y ebrios de nada, con toda el alma y sin mirar atrás”

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