¿Cuál es tu precio?

Preguntarlo así pudiera ofender a algunos y entusiasmar a otros.
Entonces, recordamos que estamos en nuestra sección del pensamiento libre buscando formas de hacer tañir juntos La Otra Campana, esa que a veces no se escucha y otras se intenta que no suene.
En esta nueva entrega, te invito a defender este jardín llamado vida que tantas veces es pisoteado por los demás y por uno mismo.
El hecho de que una adolescente de 16 años haya fallecido en Nueva Gales del Sur, tras haber participado de un reto viral llamado “chroming”, que se suma a “ballena azul”, “la canela” y otros que no nombraré, me hace querer invitarte a reflexionar sobre cuánto cuesta ser aceptado; intuyendo que en ese costo hay un precio.
En la serie “13 razones porqué” se denunciaban las excusas utilizadas por los adultos, generalmente referidas a cuestiones ocupacionales y/o económicas, para justificarse por no contactar con sus alumnos o sus hijos.
¿Hizo falta una serie para mostrarnos lo que debería ser evidente?
Esta pregunta nos deja tan expuestos que, casi de inmediato, buscamos soluciones mágicas, pero sin darnos cuenta de que las soluciones administrativas clásicas, como aumentar el control o restringir las redes, no sirven porque el tema que se cuestiona es el de la calidad del vínculo humano. Ese vínculo cuya debilidad permite que la juventud quede alineada con una exigencia viralizada para ser vistos y pertenecer.
Cuando lo externo entra, con una melodía que interfiere porque no está en sintonía con la que vibra en nuestro ser, aceptamos ese “ruido” y permitimos ser llevados hacia donde nos enseñan que “debemos” ir.
Por eso, esto no se arregla desde el lado del proveedor ni del administrador, sino logrando que la persona reconozca y encauce su libertad y poder.
¿Y si en vez de decirle al otro cuánto te está costando ser, descubres tu verdadero valor, ese que no tiene precio porque no hay quien lo pueda o lo quiera pagar?
Quizás descubras que tu vida no vale más ni menos que la de otro… y salves una.
Nos leemos la próxima.
Nos leemos la próxima.

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