De Montmartre a Melbourne, los viñedos urbanos comienzan a ocupar espacios dentro de las ciudades. Más que una postal verde, buscan recuperar patrimonio, experimentar con nuevas variedades, generar comunidad y, en algunos casos, producir vino.
Hoy quiero comenzar señalando una realidad que durante siglos ha sido vista como tajante, que es la imagen del viñedo asociada al campo, las laderas y los grandes valles vitivinícolas. Hoy, distintas ciudades del mundo están recuperando una relación que alguna vez fue habitual cultivar la vid dentro del espacio urbano.
El objetivo no es competir con los grandes productores sino cumplir funciones patrimoniales, educativas, ambientales, turísticas y experimentales. Un pequeño viñedo puede recuperar una tradición agrícola, transformar un espacio urbano, acercar a los ciudadanos al mundo del vino o convertirse en un laboratorio para estudiar nuevas formas de cultivo.
En París el Clos Montmartre, ubicado en la tradicional colina de Montmartre, mantiene una pequeña superficie de viñedos cuya producción está estrechamente vinculada al patrimonio y a la vida comunitaria del barrio. Existen proyectos en países como Italia, España, Portugal, Austria, Reino Unido, Estados Unidos, Australia, Brasil y Argentina, entre otros. Algunos producen pequeñas cantidades de vino, mientras otros tienen principalmente objetivos educativos, patrimoniales o de investigación.
¿Puede una vid urbana producir vino de calidad? La respuesta es sí, aunque con importantes matices. La calidad de la uva no depende exclusivamente de estar en el campo o en una ciudad, influyen la variedad, el suelo, el clima, la disponibilidad de agua, la exposición solar, el manejo de la planta, la sanidad y posteriormente la vinificación.
Por eso, un viñedo urbano no necesariamente producirá un vino inferior, pero tampoco cualquier espacio de la ciudad será adecuado para cultivar uvas destinadas a producir vinos de alta calidad.
Las ciudades pueden convertirse en pequeños laboratorios donde se estudien variedades resistentes, sistemas de conducción vertical, cultivos en contenedores, eficiencia hídrica, sensores, biodiversidad y adaptación de la vid frente al cambio climático.
Los viñedos urbanos probablemente nunca competirán en volumen con los grandes valles vitivinícolas. Su valor está en producir poco, pero contar mucho.
En lo personal, me encanta esta idea porque no se trata ahora de llevar la ciudad al viñedo, sino de llevar el viñedo a la ciudad. De acercar el mundo del vino a las personas de una manera más lúdica y educativa, donde niños, jóvenes, familias y comunidades puedan conocer y participar del proceso, descubriendo las bondades de producir, comprender y valorar el vino.
Cynthia Paredes, Periodista / Directora de Turismo Enológico · La Copa Medio Llena · @turismoenologico
