La comedia no es solo escribir chistes. Eso es la parte “linda” que te cuentan en los podcasts. La realidad es aprender a sobrevivir en escenarios y lugares hostiles, con luces que te ciegan, público que no te debe nada, comediantes mediocres que te bloquean las puertas y un tipo borracho convencido de que también es comediante.
Empecemos por el último punto, los hecklers. No, no siempre hay que “matarlos” con una respuesta brillante. A veces lo más humillante que puedes hacerles es ignorarlos y seguir hablando. Nada hiere más que no ser relevante. Porque es más grande el pizarrón blanco que el punto negro en el que siempre nos enfocamos, Naturaleza humana. El público no quiere ver una pelea, quiere ver quién manda y ese deberías ser tú.
Después está el clásico desastre, tu falta de preparación el set que arranca bien y se muere a la mitad. Silencio incómodo, sudor, pérdida de memoria a corto y largo plazo, una especie de alzhéimer juvenil, pensamientos intrusivos, tipo, me muero, me mato o no sirvo. Aquí es donde los aficionados se disculpan y los comediantes bajan el ritmo. Explicar un chiste es como explicar por qué tu ex estaba loca, ya perdiste., empiezas con un anyway, seguido de un no te, mejor me bajo, bye.
Luego si tienes suerte vienen los viajes, carreteras eternas, comida dudosa y moteles que claramente no pasan inspección sanitaria. Te pagan en efectivo, arrugado, y con suerte exacto. Esto no es glamour, es resistencia emocional. No te está yendo mal, te estás formando, pero nadie te aviso lo duro que iba a ser, y si corres con esta suerte levantaras la envidia en tus colegas.
Y así es como llegan los comediantes mediocres que te bloquean las puertas. No porque seas malo, al contrario, te bloquean porque vas con hambre, ritmo y algo que ellos ya no tienen, crecimiento. Son esos que llegaron primero, se acomodaron y ahora confunden antigüedad con talento. No te programan, no te recomiendan y casualmente “se les olvida” avisarte de espectáculos cuando tú les has avisado a ellos y además saben que puedes brillar.
La comedia es para gente que aguanta, aguanta el silencio, el ego herido y la duda existencial después del espectáculo. Si puedes sobrevivir a eso y volver a subirte al escenario como si nada, felicidades estás haciendo stand-up de verdad.
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