Inteligencia angelical, Happyando

A ver, ¡quién por aquí cree en lo paranormal? Al menos yo levantaría mi mano porque en el transcurso de mi vida he tenido experiencias inexplicables por la ciencia y que han despertado mi esperanza de que hay algo más después de la muerte. 

Todo comenzó, o hasta donde yo recuerdo, a mis quince años cuando menguada de cansancio por mis madrugones escolares tomaba siestas y soñaba con figuras diabólicas que me decían dónde estaban las cosas que tenía desaparecidas. 

Al despertar del sueño fantasmal, corría al sitio profetizado y las encontraba. Otras veces, sentía que un lado de mi cama se hundía, luego algo se trepaba sobre mí hasta llegar a mi cuello para empezar a estrangularme. Y ni hablar de aquel sonido que escuchaba todas las noches antes de dormir, en lo que era mi primer apartamento viviendo sola. 

El reproductor de CDs al lado de mi cama emitía un estallido, siempre a la misma hora, como si alguien lo golpeara a propósito. Un amigo de esos que cree en duendes y brujas me sugirió hacer una limpieza energética a la casa con un chamán quien tras jalarse un puro y tres tragos de aguardiente me informó que un niño había muerto durante la construcción de ese edificio y que su espíritu estaba atrapado allí, en mi cuarto y debajo de mi cama. 

No dormí por dos semanas pensando que a ese niño se le ocurriera jalarme el pelo o batirme la cama, hasta que mi hermano me sacudió el miedo con su explicación científica de la estática, la temperatura y su papel en los electrónicos. 

Eran episodios realmente terroríficos porque, aunque muchos insistieran en que eran solo pesadillas yo estaba y sigo convencida de que eran más que eso. 

Con el pasar del tiempo, estos encuentros cercanos del tercer tipo se fueron tornando, digamos que más armoniosos. Creería que la razón era porque para ese entonces comencé a rezar más y a meditar con propósito. De pronto, una hoja blanca con el símbolo de la estrella de la vida que tenía en mi escritorio se tornó azul con la misma forma de la flor, y meses después de mi padre morir me encontré una jade grande y hermosa a los pies de mi carro justo cuando le imploraba que se manifestara de alguna forma y me hiciera saber que estaba bien. 

No les niego que a veces dudo de si han sido realmente sucesos mágicos o simplemente casualidades, pero al final entendí que de que vuelan, vuelan.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.