La Culpa

Tradicionalmente la sociedad nos ha enseñado a sentirnos culpables por sentir, pensar o actuar de una manera fuera de la norma; y busca impulsarnos a cambiar el comportamiento para solucionar el conflicto interno y recuperar la aprobación social.

Cuando pequeños buscamos la aprobación de nuestros padres: al hacer algo (que ellos/la sociedad define como) “bueno” los padres nos recompensan con amor, aceptación, aprobación; en cambio cuando hacemos algo “malo” enfrentamos la desaprobación y el rechazo. Con el tiempo repetimos este condicionamiento en búsqueda de la aprobación de los demás, llevándonos a la falsa convicción de que tenemos que comportarnos como los demás esperan, para ser aprobados y amados.

Cuando nos comportamos dentro de lo “inaceptable” o “malo” empezamos a sentir la necesidad aprendida de aprobación externa. Como consecuencia, y con el fin de evitar ese dolor, muchos nos alineamos con lo deseable y común socialmente.

Te comparto algunas ideas para transitar y soltar la culpa:

  • Reconocer, defender y priorizar nuestras propias creencias, deseos y necesidades, por encima de lo que piensan, desean o necesitan los demás. 
  • Evitar magnificar.
  • Ser consciente que un comportamiento o acción no nos define como persona.
  • Ser autocompasivo y aceptar el error como algo natural.
  • Reconocer los errores y pedir disculpas cuando consideres necesarios.
  • Identificar las lecciones aprendidas y responsabilizarnos de nuestras acciones.

Si bien la culpa limita muchas veces nuestras vidas – cuando la llevamos al extremo – es importante reconocer que también regula nuestras relaciones interpersonales, pues nos hace pensar en los demás. Tal como todas las emociones humanas, la culpa tiene aspectos que promueven el bienestar y otros aspectos que generan incomodidad.

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