Coaching 

El control y la inseguridad

El control tiene una relación estrecha con la inseguridad. La función principal del control es regularnos, darnos la sensación de seguridad, de “tener las riendas de la situación, de la vida.”

Es importante recordar que las emociones, pensamientos y comportamientos en principio buscan protegernos y/o generarnos bienestar. 

Sin embargo, aprendemos y repetimos mecanismos que no son funcionales en todas las situaciones.    Vemos peligro donde muchas veces no lo hay;   y realizamos acciones o inacciones con el ánimo de controlarlo y eliminarlo,     pero finalmente esas mismas acciones nos producen más incomodidad (miedo, frustración, impotencia, tristeza, rabia, etc.). 

Nos limitamos nuestra propia vida: algunas veces dejamos de arriesgarnos a vivir por miedo a equivocarnos, por miedo a sentir dolor e incomodidad. Otras veces, tratamos de ejercer el control en situaciones que están por fuera de nuestras manos.

Tal es el caso de las emociones: buscamos controlar lo que sentimos, olvidándonos de su naturaleza. Las emociones son una respuesta orgánica del cuerpo que no se puede controlar.

No podemos decidir cuándo aparecen y cuándo se van. Y repetimos mecanismos para evitarlas y controlarlas, y en su lugar alimentamos la incomodidad en el largo plazo.

El control es proporcional al miedo que sentimos. Por lo tanto, el bienestar reside en atender el miedo, vivirlo y gestionarlo; no en controlarlo. 

Justamente, la seguridad nace de sentirnos capaces de superar dificultades y cuidarnos a nosotros mismos.

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