Coaching 

La valentía

“Valiente no es aquel que no siente miedo. Valiente es aquel que aún cuando siente miedo es capaz de actuar.”

La valentía viene “en combo” con el miedo.  El miedo detecta el peligro, nos ayuda a sobrevivir. Actuar aún cuando reconocemos el miedo en nuestra mente y/o en nuestro cuerpo nos empodera de valentía.

Tomar la decisión de realizar una acción que percibimos como peligrosa requiere de un “análisis” de la relación costo-beneficio al corto, mediano o largo plazo, dependiendo de la situación. Algunas veces ese análisis es corto, de impulso y/o natural; otras veces nos toma más tiempo pero actuamos y otras veces optamos por la respuesta (automática) de darle más peso al miedo y nos paralizamos. Lo anterior responde a rasgos de nuestra personalidad, a nuestras experiencias, a los aprendizajes: a la manera en la que percibimos la vida.

Cultivar o fortalecer nuestra valentía exige consciencia, tiempo, trabajo y práctica. Es un hábito que requiere el reconocimiento y la aceptación del miedo:   honrar esa emoción, observarla.

Y una vez la identificamos podemos responder de maneras diferentes, podemos preguntarnos acerca de esa relación costo-beneficio y valorar si el resultado final merece tomar el riesgo. Es un proceso de “desautomatización” de nuestras respuestas al miedo. Ver el miedo “a los ojos” nos permite quitarle poder, tomar perspectiva, cambiar nuestro discurso interno y por ende transformar nuestras decisiones y acciones.

Cabe anotar que la valentía es subjetiva: que los otros me perciban como valiente, no significa que yo me sienta valiente necesariamente. Lo que para ciertas personas representa peligro y miedo, no necesariamente activa mi temor.

Entonces, desarrollar la valentía es un proceso que empieza por la auto observación y la auto consciencia.

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