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La mujer más feliz del mundo

Happyando por Mariana Carles

Amanecía apenas en Saint Augustine cuando brinqué de mi cama en la casa del bosque que renté por motivo de mi cumpleaños para salir a escuchar los sonidos que brotaban de la vida misma: sapos, aves, gallinas y un tren que silbaba a lo lejos me dieron un sorprendente “buenos días”.

Nunca olvidaré lo inmensamente feliz que fui. Para mí, esto de viajar sola se me da fácil, ahora, lo de quedarme en una casa en plena jungla si que fue algo extremo, aunque sumamente hermoso y gratificante.

Empecé mi recorrido improvisado en el Museo Lighten. Mientras lo caminaba pensaba, ¿qué lo hace diferente al resto y por qué me siento distinta? Claro!   Es que de fondo tenía la energía de composiciones clásicas de la época, interpretadas por un guitarrista que tocaba en el Café Alcazar ubicado en el primer piso, lo que antes era una piscina y a donde no pueden dejar ir para almorzar o tomarse un té.

Luego está el pueblo, por supuesto, con sus calles de piedra, sus tiendas arremolinadas, y una vibra de playa y antigüedad que te arropa infinitamente.

Para desayunar, manejas un poquito hasta Blue Hen, una delicia. Para almorzar se van a Maple Street Biscuits, y ojo, que solo tienen hasta las dos de la tarde. Y de cena el Drunken Horse sin duda, bonito, francés y elevado.

Otros que me recomendaron mucho fueron Harrys, pero la línea para entrar era interminable, Cap 27 al que tienes que reservar con un mes de antelación y Mojo con sus barbecues.

Para un buen café City Perks sin duda, y Relámpago. Para caminar alrededor, el Castillo de San Marco, monocromático e imponente, y si te vas a el faro verás atardeceres tibios y cautivantes.

El parque Anastacia es un obligado para los amantes de la naturaleza. Reserven un paseo con el guardabosque, quien te hará un recorrido que, por lo menos a mí, me llevó a contemplar y meditar sobre la humanidad misma.

No puedo dejar de mencionar el Salt Cave, una experiencia sanadora en donde te sumerges en una cueva de pura sal rosada para abrazar paz y quietud, y finalmente la cantidad de lugares agolpados que tienes para probar vinos, y cervezas artesanales, y sumergirte en una noche de bares con música en vivo.

Por donde lo mires Saint Augustine un destino que irradia alegría y celebra la vida. No dejes de visitarlo !!!.

Por : Mariana Carles / carlesmariana@gmail.com

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