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El reggaeton, ¿música?

Hace días me enfrasqué en una discusión con un músico sobre el reggaeton versus el resto de los géneros musicales. Él, sin querer sonar pesado o arrogante, afirmaba que el primero era basura, mientras que lo demás sí tenía un propósito.

Quizá yo pueda entender su punto de vista, porque la letra -en muchos casos- no es ni la más educativa, ni tiene valores morales.  

Tampoco tiene los elementos para una formación cultural, sin embargo, agradecí enormemente el no tener el peso de una escuela de música sobre mis espaldas, ni los ojos de críticos de música sobre mí, que no me dejaran afirmar que a mí “sí me gusta el reggaeton!”, o por lo menos Daddy Yanki y Don Omar, quienes fueron los pioneros en los 90.

Cuando se es un vil mortal – que no pasó  años sentado en un conservatorio – o rodeado de grandes del blues o del rock ( por mencionar algunos entornos musicales), uno aprecia  la meneada del cuerpo al ritmo de “Lo que pasó pasó ”,“Gasolina” o “La Pasarela” de Daddy Yankee.   Y si me pongo mística, les afirmo que el reggaetón te activa ese lado sensual que muchas veces está dormido y que necesitamos despertar. Cuando uno empieza con el “perreo” hasta abajo, activamos el chakra raíz, que tiene que ver con nuestra sexualidad, nuestros cimientos y con nuestro instinto de supervivencia.   Cuando todo esto está en balance, nos sentimos más conectados con la realidad, seguros, leales y estables.

No es de extrañar, entonces, que millones de adolescentes y adultos, sin querer, sientan una atracción inexplicable por este ritmo que desbloquea sus sentimientos de tristeza y depresión, haciéndolos más libres de expresarse.

Hacer cosas nuevas e inesperadas   en la vida nos hace ser más felices y sentirnos más vivos, ahuyenta el aburrimiento y crea nuevas estructuras neuronales que te harán más creativo y flexible. Por eso, los invito que hagan el ejercicio. Escojan algún tema de reggaetón, suban el volumen, y empiecen  a bailar mientras se miran en el espejo, y verán como empiezan a sonreír y sentirse más sueltos y desinhibidos.

Porque la vida se vuelve aburrida con nuestros propios límites.    Inténtalo!

Mariana Carles / carlesmariana@gmail.com

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